Víctor López Cotelo

Vivienda en Soto del Real (Madrid).

Andrés Cánovas nos recomendó su primera vez. Víctor López Cotelo nos enseñó que hacer arquitectura debe ser algo natural, que hay que construir sin querer hacer algo importante, mimando los pequeños detalles y transformándolos en cosas que te alegran la vida. Nos recordó que en 1976 ya se hacía arquitectura bioclimática y que ya se construía con suelos de resina y contraventanas de chapa perforada. Gracias por dedicarnos una tarde.

Este dossier contiene, además de la entrevista, fotos, planos y croquis de la obra.

¿Cual fué tu primera vez?

Una vivienda en Soto del Real (Madrid), en el año 76. El encargo me lo hacen sin terminar ni siquiera la carrera.

Había que interpretar el funcionamiento de una vivienda de fin de semana y vacaciones que está a 40 km de donde vives. Reformular los usos convencionales como el cuarto de estar, qué pasa con los chavales jóvenes en una urbanización, las visitas de los amigos de tus hijos. En invierno hay que guardar cosas, hay que tender ropa y no hay que verla, ni tú ni los vecinos. Una serie de cosas muy elementales. Reconducir la función del edificio para responder con esas cosas mínimas. La luz en el pasillo que entra y se pasea por la habitación, cosas que te alegran la vida. Lo hice con naturalidad, sin querer hacer de ello algo muy importante o una retórica.

¿Como conseguiste el encargo?

Un pariente mío, un hermano de mi madre, se compró una parcela en una urbanización donde no existía nada. No estaban hechas ni las calles. Me dijo que se quería hacer una casita para el fin de semana pero que no tenía prisa. Cuando terminé la carrera me fui a Alemania, estuve dos años allí. Trabajé en la ciudad olímpica de Munich y al volver me incorporé al estudio de Alejandro de la Sota, hasta el 79. En 1976 me dijeron que ya había terminado la urbanización y había que empezar. A mí ya se me había olvidado.

En nuestra época teníamos un acceso más natural y directo a la arquitectura. Había menos arquitectos pero más trabajo. Era un momento en que la sociedad estaba creciendo y era más fácil que te encargaran una casa. Ahora es más normal es que la gente empiece después de trabajar en un estudio, pero en mi época todos mis compañeros tenían un estudio al día siguiente de acabar la carrera. En mi caso no tenía la necesidad de hacer una obra mía porque estaba en un estudio en el que me quedaba satisfecho con las obras que hacía, estabas aprendiendo y te incorporabas con naturalidad a lo que es ser arquitecto, sin asumir responsabilidades que te dejen sin dormir.

Casa Soto

¿Cómo era Soto del Real en aquella época?

Era un sitio alucinante, con la vegetación propia de la sierra de Madrid y una fuerte pendiente. Cuando yo empecé a trabajar aún no había nada construido. Aún no se sabía que iba a haber alrededor. En el plazo en el que yo hice el proyecto salieron una o dos casitas.

Mi intención era desaparecer del terreno, que la casa no se viera, la parcela ni estaba vallada. Hubo un momento que se paseaban las vacas y se puso un alambrito. Era como ser el dueño de la sierra, las propiedades de alrededor no estaban construidas y no se molestaba a nadie. Era un paisaje casi lunar. Con el tren de Soto del Real y enfrente, la sierra, el raseado del viento, las plantas, los colores…

No pensaba en la arquitectura ecológica, pensaba en la arquitectura. En ver la sierra, tomar el sol, refugiarse del viento… como ha sido siempre en cualquier granja, se reacciona a las condiciones del lugar.

¿Cómo fué y cuanto duró la obra?

El proyecto se hizo en mi casa, yo trabajaba a la vez. El aparejador era de Correos, había trabajado con Sota (Alejandro de la Sota era funcionario de Correos). No me sentí sobrepasado, llevaba ya 7-8 años trabajando en otros tipos de proyectos más importantes.

Iba a la obra todas las semanas. La obra duró muchísimo. Se hizo con un constructor convencional, gitano, con muchas ganas de hacerlo bien. La constructora era de dos socios y les costó la separación porque cuando ofertaron la obra no tenían ni idea de lo que estaban ofertando (cubierta de tela asfáltica, contraventanas de chapa perforada o suelos de resina). Yo hasta he trabajado, he puesto mi energía al servicio de la subida de piedra. El mobiliario de cocina no sólo lo diseñé, lo hice yo, como carpintero. Las butaquitas eran mías, de mi casa. Escogí las sillas. Las mecedoras son piezas muy inteligentes, dos anillos que se cruzan sin tocarse, son magníficas. En ese momento estaba empezando Ikea y también se compararon butacas de Ikea.

En cierta ocasión hubo unos vientos terribles de más de 140 km/h, yo estaba en la obra, tenía una cubierta de tela asfáltica protegida con pizarra y no sufrió daños. En todas las demás volaron las tejas, las cercas de las pistas de tenis, chapas volando como si fueran naipes. Pero no le pasó nada, fue la única que se salvó.

Tiene esa serie de gags de las primeras obras pero fue muy tranquila.

Plataforma Casa Soto

¿Que no hiciste que te hubiera gustado haber hecho?

Tuve toda la libertad del mundo, y toda la responsabilidad. Me dijeron: el dinero está en esta cuenta, hazme una casa. No se metieron a exigir nada.

¿Que hiciste esa primera vez que no hayas vuelto a hacer?

Cuando haces tu primera obra y la haces con responsabilidad, el hecho de que sea de un pariente te obliga a hacer lo mejor con lo que tienes. Te esfuerzas por hacer las cosas lo más ajustadas posibles, no te permites ninguna frivolidad, y se lo toman como si fuera normal. El más mínimo problema te lo recriminan, cosas que no tienen sentido: que se les ha secado un árbol , pues que lo rieguen. Aprendes que nunca más. Recuerdo una vez que me llamaron porque había entrado un ratón en la cocina. Tiene un suelo de resina, de las que se ponen en las salas de operaciones, y no hay ni un solo rincón, pero es una casa que está en medio del campo. Te enteras de la más mínima historia al día siguiente, incluso a las 11 de la noche de un domingo.

¿Has vuelto a visitar la obra?

Hace 10 años que pasé por allí la última vez. La única referencia que tengo es de cuando estuvo Marcos Corrales y estaba interesado en comprarla. Yo me enteré a través de Pedro Morales. No se la vendieron, se la alquilaron por un año. Luego la compró una arquitecta que ha cambiado todo. Cambió las carpinterías y la pintó de blanco. Con el paso del tiempo se fue cubriendo todo con vegetación, y al lado han empezado a salir las casas típicas de la sierra de manera que si no sabes donde está no la ves. La resistencia de la arquitectura es como es. Como decía Gideón, tiene vida propia. La usará uno, otro, se destruirá….



One Comment

  1. […] des de l’època d’estudiant. Coneixia un projecte fet per l’arquitecte andalús López Cotelo, a Cadis. Qui hi havia aconseguit fer un bloc d’HPO de quatre dormitoris. El quart li quedava […]

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