Manuel Pérez (nodo17 architects)

Casa Seedorf 

Manuel Pérez funda el estudio nodo17 architects en 2002 y es autor de obras como el IMAM en Móstoles o la Casa del Amor. En la visita a su estudio  hablamos de  fútbol, del amor, la integridad profesional  y como no, sobre su primera vez.

Este dossier contiene, además de la entrevista, fotografías, planos y memoria de la obra.

¿Cuál fue tu primera vez?
Fue una ampliación de 500 m2 de una vivienda unifamiliar en La Moraleja, Madrid.

¿A qué edad?
Tenía veinticinco años y diría incluso que era demasiado joven, más aún cuando el cliente tenía cuatro años menos que yo. Yo estaba recién aterrizado en Madrid, acababa de terminar la carrera meses antes, venia de trabajar de la F.O.A. (Foreign Office Architects) en Londres, y en ese momento trabajaba por las mañanas en el estudio de Federico Soriano.

¿Con quién?
Era para un grandísimo futbolista que en aquel momento jugaba en el Real Madrid, Clarence Seedorf. Luego se fue a jugar a la ciudad de Milán, primero en el Inter y luego en el Milan. Actualmente sigue jugando en Brasil.

¿Cómo conseguiste el encargo?
Teníamos una amiga en común y nos conocimos por la noche tomando copas. Nos caímos bien y a partir de ahí quedábamos alguna que otra vez para cenar. Cler no es el prototipo de futbolista que se puede asociar a alguien que sólo piensa y sabe hablar de “fútbol”. Participa en obras sociales, tiene grandes cualidades musicales, es un gran emprendedor y sobre todo presenta un gran sentido común que le lleva a tener inquietudes muy variadas. En aquella época se compró una casa en La Moraleja y me pidió que le hiciera una ampliación. La principal razón era tener más espacio para la familia, ya que para Cler la familia era lo más importante, aparte de otros espacios como una piscina de entrenamiento, sala de música, gimnasio…

Casa Seedorf gimnasio

¿Cómo te sentiste?
La primera obra es un acto kamikaze, no da tiempo a tener sensaciones. En mi caso fue todo bastante rápido y no tienes claro donde te metes. Ayudó mucho la buena relación que tenía con Cler; él lo hizo todo más fácil.

¿Cómo fue y cuanto duró la obra?
La obra la recuerdo bastante dura, pero no por problemas técnicos sino porque tuvimos que echar al contratista debido a una serie de graves incidentes, así que acabé yo ejerciendo en cierta forma de contratista. Quedaban cerca de cuatro meses de obra y recuerdo incluso llegar a cargar el coche con ladrillos, sanitarios o luminarias. Ya de por sí la primera obra se vuelve compleja pero más aún asumiendo responsabilidades para las cuales yo no estaba formado. Tenía que llevar el control económico de la obra, coordinar los distintos oficios, el planning de la obra, pagar a las subcontratas… Por eso digo lo de kamikaze. La obra duró cerca de un año y para ser una rehabilitación y ampliación se puede considerar como un tiempo razonable.

¿Qué hiciste esa primera vez que no hayas vuelto a hacer?
Ser tan kamikaze. Nunca más asumiría responsabilidades que no son estrictamente las del arquitecto ni riesgos como aquellos.

¿Qué no hiciste que te hubiera gustado haber hecho?
Pues bastantes detalles y decisiones que estaban planteadas en el proyecto original pero que no se ejecutaron en obra debido a mi triple condición de arquitecto-contratista-jefe de obra. En un determinado momento mi objetivo fue simplemente acabar la obra ya que en muchas ocasiones se me antojó como una labor imposible.

¿Qué consideras que es lo mejor de aquel proyecto?
Dicho lo anterior, pues acabarla. Ello me permitió consolidar la confianza de Seedorf y así posteriormente me encargó otro proyecto que construiríamos cerca de éste: la casa del amor.

Casa Seedorf

¿Y lo peor?
Lo poco que la disfruté, fue demasiado brusco mi choque con el “mundo real”.

¿Has vuelto a visitar la obra?
Hace mucho que no la visito, quizás cerca de cinco años. Cuando Cler se fue a Milán la alquiló a Norma Duval, la cual me llamó en varias ocasiones para visitar la casa ya que quería hacer algunas modificaciones como convertir el gimnasio en un gran vestidor (era increíble la cantidad de trajes de fiesta que tenía) o simplemente asesorarla con el mobiliario. Recuerdo que salió publicada en la revista Hola, antes que en ninguna otra revista de arquitectura. Salvando las distancias y en un sentido estrictamente irónico me acordaba de que la primera publicación del Potteries Thinkbelt de Cedric Price fue en una revista de sociología y antropología y no de arquitectura (New Society), mientras que en mi caso fue en una revista del corazón.

Fotografías de Amparo Garrido y Luis Malibran.



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