Juan Navarro Baldeweg

Casa de la lluvia

Juan Navarro Baldeweg (Santander, Cantabria, 1939) ha simultaneado su carrera como arquitecto con el estudio y la práctica de la pintura y la escultura. Es catedrático del Departamento de Proyectos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid . Ha sido profesor en Boston, Pennsylvania y Yale.

Este dossier contiene, además de la entrevista, fotografias, croquis, planos de la obra e información adicional sobre las primeras instalaciones y concursos.

¿Cúal fue su primera vez?

Lo primero fue el acercamiento al arte, ya de niño. Comencé dibujando académicamente. Cuando tenía 9 o 10 años mis padres me llevaron a una academia de dibujo que preparaba para el ingreso en Bellas Artes, de esa manera conviví con artistas mayores que yo y arquitectos que preparaban el ingreso en la escuela de arquitectura. Sentí desde muy pronto una vocación artística muy fuerte, de hecho me considero artista por encima de todo. Tenía como ejemplo a mi padre que era médico pero pintaba por afición, era una manera de satisfacer su amor por Castilla, unos cuadros bellos de naturaleza un poco desértica.

Entre las carreras más artísticas estaba la arquitectura y me entregué. Ingresé muy fácilmente porque tenía formación de dibujo y enseguida aprobé los cursillos que se hacían (tenían cierta dificultad, eran muy famosos). Consideré la escuela como un lugar al que yo iba pero conservando mentalidad de artista, y siempre estuve pintando.

Mi primera exposición de pintura es en el año 60, en la galería Fernando Fe. Yo tenía 19 años y aún no entiendo muy bien porque me dijeron que si podía hacer la exposición… En el año 65, al terminar la carrera, expuse en la galería Edurne, allí coincidí con Gordillo. Formamos un grupo de personas importantes que siendo muy jóvenes todos nos considerábamos plenamente artistas.

En aquella época además de pintar hacía algunas piezas, siempre he hecho instalaciones. Ese es el comienzo como artista. A la vez, yo tenía formación de arquitecto, y una serie de preguntas sobre la arquitectura, sobre todo sobre la naturaleza física de la arquitectura. ¿Qué significa la luz en los espacios? ¿qué significa la construcción? ¿Cómo se manifiestan los pesos? La arquitectura es siempre un tema de equilibrios y de fuerzas canalizadas hacia la tierra. Sobre esos flujos de energía comencé a hacer mis primeras piezas.

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La columna y el peso. 1973

En los años 70 pedí una beca de la Fundación March y me la dieron. Tenía la posibilidad de ir a trabajar con Gyorgy Kepes en el Center for Advanced Visual Studies. Son mis primeros trabajos, donde no hay una distancia entre la arquitectura y el arte. Conviví con artistas y para mi fue muy importante la amistad que mantuve con músicos, con una chica que interpretaba cosas de John Cage, compositora fundamentalmente de música recogida en el ambiente que luego manipulaba electrónicamente y creaba enlaces sonoros entre ciudades. Me relacionaba con un grupo de gente con entusiasmo y una vocación fortalecida, desinteresada económicamente. Entonces el arte no era como ahora, que puedes entrar en el mercado y consigues mucho, era una actividad que yo podía desarrollar porque tenía una beca y un pequeño salario como investigador. Ya estaba casado y nació mi primer hijo en EEUU, en Boston. Él se ha dedicado al arte, a la pintura fundamentalmente. Más tarde vino otro que se ha dedicado a la arquitectura, y que además es muy conocido siendo muy joven.

Una vez que vuelvo a España entro de profesor en la escuela. Justo nada más terminar la carrera, antes de irme a EEUU estuve como asistente, en la época que Alejandro de la Sota fue profesor, no era más que un crío. Cuando volví hice las oposiciones a catedrático y lo conseguí.

A la vez, casi es contemporáneo, me presenté en dos ocasiones a unos premios internacionales que organizaba una revista de arquitectura japonesa, Shinkenchiku. En esa revista cada año un arquitecto conocido daba un tema y arquitectos de todo el mundo (no solo jóvenes, algunos ya maduros y conocidos) se presentaban. La primera vez que me presenté la propuesta fue hecha por Richard Meier, el arquitecto americano, se llamaba “casa para una intersección”. Incorporé todas las piezas de Duchamp en una casa, la intersección de una persona y un pequeño curso de agua: puse el famoso molino en movimiento, la ventana de “La Bagarre d’Austerlitz”, la “Fresh Widow” la puerta que abre y cierra a la vez. Yo siempre consideré que no era más que un ejercicio muy directo, no muy sofisticado ni muy complicado. Estaba trabajando en una especie de arquitectura conceptual, haciendo piezas sobre los flujos de energía y sabía cómo había que incorporarlo en el espacio y transformarlo en arquitectura. Siempre mantuve esa tensión entre lo que es una práctica puramente artística y como eso se instala, vamos a decirlo así, en el medio ambiente artificial, que sería la arquitectura. Tuvo un premio, Richard Meier lo destacó. Hace unos años estuve en Los Ángeles, visité la Getty y me lo enseñó muy cariñoso, se acordaba de mi perfectamente, tu eras un “kid” me decía. Esa fue la primera vez que me presenté a un concurso. El primer premio de ese concurso fue para Peter Smithson con una de las obras suyas que más me gusta, la casa amarilla, una casita de aluminio lacado en amarillo en una encrucijada de una calle en la que en la esquina hay un árbol, por eso se llama intersección. La propuesta de los Smithson era más fiel al enunciado del tema, la mía era más la intersección de la mente con la realidad. Yo creo que la encrucijada o la intersección que pensaba Richard Meier cuando hizo la propuesta era física, porque toda la arquitectura es intersección de algo con algo, la luz con el objeto o en este caso la mente del artista con la realidad. Para mi fue muy importante encontrarme entre gente tan buena y tan hecha como Smithson.

El segundo concurso fue una propuesta de James Stirling: Una casa para Schinkel. En el año 79 ya comenzaba a haber un cuestionamiento de lo moderno, el inicio de la postmodernidad. El juego era imaginar que nosotros teníamos el encargo del gran arquitecto alemán para hacerle una villa donde quisiéramos. Tuve un primer premio ex aequo, no se si con dos o tres más. Este proyecto fue una aplicación de diferentes temas: la simetría, los ecos de una cosa en otra, incluso los reflejos en el agua porque estaba en Berlín, con muchos canales. Arquitectura bien integrada en la naturaleza y con un sentimiento siempre como de goce, casi un poco mediterráneo.

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Y llegó la casa de la lluvia…

En ese momento, mi hermano que era médico, quiso hacerse una casa en el campo, en Santander. Fue divertido porque como era mi primera obra tenía muchos desconocimientos, la ventaja es que el cliente era mi hermano. Apliqué muchas de esas ideas que me iba formulando, acerca del campo óptico, el apilamiento de materiales, etc.

¿Cuántos años tenía?

Fui un arquitecto tardío porque pasé muchos años dedicado solamente al arte. Cuando comienzo a construir tengo ya una formación como artista. Tendría unos 39 años, y luego ya he cogido carrerilla. No tengo tanta obra, lo que pasa es que casi toda la obra que tengo la he podido publicar. También gané concursos pronto. Cuando comenzó la época de los renders era más difícil ganar concursos porque no me gustaban demasiado, me parecían muy artificiales, pero en este momento es fundamental para ganar un concurso.

Hay también una instalación que lleva el mismo nombre.

Es una casita de piedra sobre la que cae el agua. Había todo un trabajo casi teórico en lo que yo estaba haciendo hasta ese momento y parte de esas teorías y esos juegos los apliqué en la casa de la lluvia, que tenía también ese modelo teórico y conceptual. Es una pieza que está en el IVAM.

En todas mis piezas está en estado embrionario un pensamiento indiferente a que tengas que hacer o no un proyecto. Siempre esa actividad paralela la he aplicado a los proyectos pero ha sido libre, no porque un proyecto me haya hecho investigar. hay una ida y venida de una habitación a otra, de la investigación a lo que es la aplicación real a un proyecto. Los primeros pasos son como en dos lugares.

¿Cómo es la casa de la lluvia?

Estructuralmente es muy sencilla, es una casa a dos aguas, dos brazos con el centro unido ligeramente curvo que hace un patio semi interior que luego se asoma al valle. Las visuales son muy importantes, la casa está atravesada por las vistas. Hay un pequeño pórtico que es como un árbol artificial donde unas glicinias que ahora han crecido mucho se unen por encima. Para hacerlo lo construí con madera a su tamaño natural, incluso las ventanas, para ver a que altura había que ponerla, lo que se veía, todo eso está construido en modelo 1/1. Era una casa en toda su proporción para ver si estaba bien la altura que era muy ajustada.

La cimentación era bastante interesante porque tuvimos que bajar muchísimos metros. Es un plano inclinado pero la casa está en horizontal porque la mujer de mi hermano no quería escaleras. Está todo en la misma planta salvo dos o tres peldaños que vienen del garaje, que está un poquito más bajo, semienterrado.

Todo se hizo con oficios, no se hizo con constructora, uno a uno. La estructura, como era Santander y había gente que trabajaba bien el acero, se hizo en un taller de construcción de barcos. Las vigas las cortaban, lo soldaban… y también la cubierta que es de zinc.

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La casa tiene una simetría en los dos testeros, pero una se descuelga más por el movimiento de tierra que la otra y ese cuerpo descolgado aparece como ventana en el otro testero. Tiene una simetría muy deliberada, aunque no totalmente igual, un efecto como de balancín, de equilibrio entre un lado y el otro. Una franja de piedra, una franja de cristal que sobresale incluso por encima de la estructura, que queda como un pequeño lucernario corrido a todo lo largo y unido a los cristales, y luego ya la cubierta de zinc.

El suelo se levanta, es la base de piedra (o por lo menos forrada en piedra). Luego viene una banda de cristal que es como el horizonte, ininterrumpido, libre en todo el espacio interior de manera que puedes mirar por las dos caras de ese brazo. La vista está libre siempre. Al final la cubierta de zinc con las gárgolas acusadas, los aliviaderos de la recogida de agua que expresan la instalación de la casa en la caída del agua, porque Santander es muy lluvioso. Por eso se le dio el nombre de la casa de la lluvia, primero fue una cosa como de risa y luego ya se ha quedado.

Hay muchas ideas en esa casa que son anteriores, basadas en mis experiencias de piezas. Por ejemplo, el tema de los materiales también estaban en Schinkel, una casa de piedra, otra de barro, de cerámica, otra de naturaleza con un testero que era como una estructura cubierta de vegetación, es lo que aparece ahí en esa especie de arbolito o pórtico que es una glicinia. Es una aplicación del tratamiento de escultor de la materia y todas esas piezas que hacía con casas y la lluvia… la lluvia aparece.

Al comenzar a hacer arquitectura me di cuenta de que muchas de las instalaciones que estaba haciendo perdían sentido porque las instalaciones más extraordinarias son la propia arquitectura. Por ejemplo, la época minimalista y la concepción del espacio en los años 45 está en la obra de Mies Van der Rohe, la Casa Farnsworth o incluso antes, los collages. Las ideas de los reflejos, los vidrios, los materiales, ya está en el pabellón de Barcelona, antes incluso. La arquitectura es una instalación fantástica cuando el arquitecto es intenso.



One Comment

  1. Acabo de descubrir a Juan Navarro Baldeberg. Maravilloso y emocionante descubriemento.Es
    ARTE en estado puro, poesía total. Quiero conocer lo mas. Como se se puede visitar la Casa de
    la Lluvia?

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